The Dirham experience


hace cosa de dos meses que volvimos de marruecos, y un poco menos que empecé a escribir este primer capítulo, pero que hasta ahora no me había decidio a tirar para adelante. el otro día estuve hojeando el diario, el de toda la vida;  de papel y tachones, también sin acabar, y me entraron ganas de contar todas esas peripecias. no tengo intención de hacer un diario muy detallado, aunque igual acaba saliendo así.

CAPÍTULO1. Marrakech: aterriza como puedas

la ida, como casi todos nuestros desplazamientos, fue una aventura. a las 7 y media de la mañana nos encontramos sobrevolando la capital. unas horas antes estábamos durmiendo embutidos entre los reposabrazos de unos incómodos asientos de la t4 de madrid,  aun con el regustillo de esos deliciosos bocatas de calamares y de la casa del jamón.

Empiezan a hablar por megafonía en inglés. run-run entre la gente del vuelo. más tarde se confirma que estamos dando unas cuantas vueltas con la esperanza de que la visibilidad mejore. tras unos intentos sin fortuna, nos informan que tendremos que aterrizar en otro aeropuerto. acabamos en agadir, que es como si en lugar de aterrizar en madrid lo acabas haciendo en alicante. lo mismo, vamos. después de cumplir con los cansinos tramites burocráticos y deshacernos de sus preguntas, conseguimos salir fuera, donde nos esperan unos cuantos autocares que nos llevarán a marrakech. cruzamos varios puertos de montaña y a mitad de camino, nos paramos en un pequeño pueblo de carretera, dónde la gente se ganan la vida vendiendo agua embotellada a la vez que actúan como oficina de cambio ambulante. durante el camino me sorprende ver a mucha gente enmedio de la nada, contemplando el paisaje y meditanto o simplemente sentada.

llegamos a marrakech y el conductor no habla inglés… ¡¿dónde estamos?! deducimos que estamos en la estación de tren y tras estirar un poco las piernas tomamos un taxi que nos deja en un boulevar junto a la plaza de djmaa el fna. si ya te sorprende la manera de conducir por carretera, bienvenido a la ciudad. los pasos de cebra, para las cebras. llegamos a la plaza de djemaa el fna y, algo desorientados, nos mezclamos entre el bullicio.

finalmente encontramos la calle que andábamos buscando y sin muchas complicaciones nos topamos con el hotel que habíamos mirado en la guía. hotel essaouira, curiosa deocoración, aunque las habitaciones no son nada del otro mundo. por 5 euros es más de lo que esperábamos. no hemos reservado nada, así que nos tenemos que quedar con la habitación de la planta baja que da al patio. reservamos por una noche, con opción a otra. acabamos comiendo en un bar de djma el fnaa. marrakech es muy muy turístico. cada 5 extranjeros que te encuentres, 2 hablarán castellano y 1 catalán (estadística no comprobada científicamente).

después de una pequeña siesta, nos adentramos en el zoco. y, mochila en pecho, comenzamos a rechazar todos los ofrecimientos. el truco está en no mirar algo con un mínimo de atención, pues los dependientes saltan como un resorte. hay trozos que están verdaderamente atascados de gente. nos perdemos por las callejuelas esquivando motoristas kamikazes con motos que jamás pasarían la itv.

más tarde nos perdemos por la ciudad, esta vez de verdad. unos chiquillos se dan cuenta enseguida y se ofrecen a guiarnos. decimos que no, que sabemos como llegar, pero no hay manera, ni ellos se van, ni nosotros sabemos llegar. durante el camino se van juntando más y más amigos, pero les advertimos que no les daremos nada. caminan unos pasos más adelante, y a medida que nos acercamos a la plaza se van girando con mayor frecuencia para comprobar que seguimos atrás. al final le damos unos dh y subimos a una terraza con unas vistas privilegiadas para tomar un té, y contemplar la locura en que se ha convertido la plaza: decenas de tenderetes se montan cada noche y ofrecen cena a los turistas. al final acabamos en uno de ellos, después de esquivar las mil y una invitaciones de cada uno de los chicos que tratan de convencerte de que en su puesto está la mejor comida. incluso en catalán nos llegaron a hablar! en realidad en todos los puestos la comida está para chuparse los dedos, y nos acabamos poniendo como cerdos.

después de cenar, damos una vuelta por la plaza y acabamos en la coutubia, a la espera de una supuesta llamada a la oración a la medianoche que nunca llegó. volvemos al hotel. ha sido un día muy largo;  la cama nos absorbe en cuestion de segundos.

The Dirham experience. Siguientes capítulos
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