Capítulo 2. La otra Marrakech


nos levantamos a una hora más o menos decente y nos tomamos un zumo en uno de los puestos que hay montados en la plaza. desde primera hora de la mañana te puedes encontrar con grupos de  encantadores de serpientes, que no dudarán en posarte uno de esos simpáticos réptiles sobre tus hombros a cambio de unos cuantos dirhams. yo me mantengo a una distancia más que prudente, vigilando que no se me acerque ninguna.

después del desayuno vamos a una famosa pastelería que hay en el boulevar a tomar unos cuantos pasteles, a precio turista, eso sí. más tarde retomamos nuestro camino y siguiendo el curso de la muralla nos encaminamos hacia la estación de autobuses para comprar los billetes del día siguiente a ourzazate. optamos por  CTM, la compañia pija para turistas; bastante recomendable si se viaja en verano, ya que tienen aire acondicionado; aunque a nosotros mas que eso, nos haría falta calefacción. mañana toca madrugon; reservamos el primer bus de la mañana, a las 6:00.

Nos perdemos por las avenidas que rodean la estación, pasamos por delante del lujoso hotel la menara y acabamos en un cyber-parque. sí, sí. un enorme parque que cuenta con numerosas pantallas táctiles con acceso gratuito a internet. tras una vuelta, volvemos hacia el centro y nos pegamos un festín de comida (tajin con salsa de mermelada) en un bar que hay cerca de nuestro hotel.

después de comer decidimos ir a dar una vuelta por las afueras de marrakech, por los alrededores del palacio real, donde un guardia de paisano vino directamente hacia nosotros y nos obligó a borrar unas fotos que habíamos hecho de la muralla que rodea el palacio. seguimos camiando y nos mezclamos entre el bullicio de la gente, donde ya apenas hay turistas. la visita por la zona merece la pena, y podemos observar la marrakech real, alejados del acoso continuo al turista presente en los zocos.

a última hora de la tarde entramos a visitar (las ruinas) del palacio del badi. tenemos la suerte de que coincide con la puesta del sol y podemos disfrutar de unas vistas privilegiadas desde lo alto de la muralla.

antes de volver hacia el centro de la ciudad, nos paramos a tomar un té en una de las plazas que hay junto al palacio. aprovechamos para escribir unas postales (que por cierto, tardan la vida en llegar) y más tarde nos volvemos hacia el centro donde cenamos de nuevo en uno de los tenderetes de la plaza. mañana toca un día duro, así que volvemos pronto al hotel.

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