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Escocia: Edimburgo, ciudad nueva

El domingo y el martes los aprovechamos para visitar a fondo la parte nueva de la ciudad, que apenas habíamos visto de pasada. La mañana El mediodía del domingo recorrimos la calle Cowgate, y fuimos haciendo un repaso a todos los pubs que habíamos visitado unas horas antes, que no fueron pocos (Three sisters, Sneaky Pets, Opium -nada que ver con el de Barcelona-, Bar Salsa o Irish Pub).

Y es que lo bueno de salir por Edimburgo (y en esto me recordó mucho a Reykjavík) es que en muy pocos sitios cobran entrada. La vestimenta (salvo en algún sitio más fashion) tampoco la miran mucho, sólo que no vistas con camisetas de algún equipo de fútbol (que puedan ocasionar peleas entre aficionados).

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Volvimos a cruzar el North Bridge, y subimos hasta la Calton Hill, desde donde hay unas vistas impresionantes de la ciudad. Eso sí, de camino paramos en el cementerio de turno (hay varios en el centro). Tuvimos muy buena suerte con el tiempo; mes de Noviembre y un buen sol que nos hizo.

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Bajamos de nuevo al centro y seguimos callejeando hasta llegar a George Street, otra calle con ambiente, aunque no tan comercial como Princess St.
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Precisamente en George St. encontramos The Standing Order, un antiguo banco reconvertido en restaurante. La decoración impresiona, pero más aún los precios (para bien). A nosotros nos gustó tanto que el martes acabamos repitiendo.

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 El martes por la mañana dimos una última vuelta por la ciudad y visitamos, como no,  el cementerio que teníamos frente al albergue. Uno de los muchos que hay en el centro de Edimburgo. Curiosa inscripción que había en una placa junto a una tumba.

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 Otra de las panorámicas más famosas de Edimburgo es la del castillo sobre la colina visto desde Princess Street.

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 Antes de coger el bus hacia el aeropuerto aprovechamos para visitar Water of Leith Walkway (camino del agua de Leith). Se trata de un camino que sigue el curso del río a las afueras de Edimburgo (se puede llegar a pie tranquilamente).

Caminando por este paseo a uno no le da la impresión de estar en la capital escocesa. El paseo es muy agradable y recomendable para evadirse de las masas de turistas. Cuando nosotros fuimos el acceso estaba cortado en un punto, así que tuvimos que dar media vuelta. En este artículo hablan sobre el lugar.

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 Volviendo hacia el centro cruzamos un barrio residencial algo apartado de las calles principales y pasamos por la casa donde vivió Robert Louis Stevenson (para los de la LOGSE, el autor de ‘La isla del tesoro’), vimos alguna que otra calabaza del reciente Halloween, y unas bolsas negras que tras abrirlas acabamos descubriendo que los vecinos las usan para dejar su basura.

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Ruta de castillos por Inglaterra

Una vez vistos visitado Glasgow, Stirling y Edimburgo decidimos alquilar un coche y recorrer algunos castillos de la zona. Moverse en coche por Escocia es el mejor plan para conocer el país, pero dado que sólo teníamos unos pocos días decidimos fijar nuestra base en Glasgow y Edimburgo y hacer desde allí alguna que otra escapada.

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La ruta que hicimos fue en dirección sur, por la costa sureste de Escocia, hasta entrar en Inglaterra (de lo que por cierto nos nos dimos ni cuenta).

El primer castillo que visitamos fue el de Lindisfarne, en Holy Island. Se trata de una pequeña construcción del siglo XVI, al que se accede a través de una carretera que desaparece cuando la marea sube.

Tuvimos bastante suerte porque llegamos allí sin saber que las mareas cubrían también la carretera de acceso. Dejamos el coche en el parking y comprobamos que teníamos tiempo suficiente para ver el castillo y hacer un poco el tonto por la zona.

La verdad es que cuando la marea sube no son bromas, y hay una foto en el parking que deja constancia de ello. Lo mejor es comprobar los horarios de las mareas antes de ir hasta allí. En esta página se pueden consultar las predicciones de las mareas.

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Siguiendo la carretera que bordea la costa en dirección sur llegamos al Castillo de Bamburgh, del siglo XIX y en mejor estado que el anterior. La situación del castillo, junto a la playa, también es única.

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Una vez vistos los dos castillos decidimos volver hacia el norte para visitar el pintoresco pueblo de Sant Andrews, famoso por su prestigiosa escuela de golf. Nada más salir a la carretera principal nos pasó lo típico; que vas conduciendo y te adelanta a todo trapo un camión cargado con una casa.

Seguimos conduciendo dirección norte sin mayor sobresalto hasta llegar al puente que atraviesa el Fiordo de Forth. Existen dos puentes que cruzan el estrecho: el gris, para los vehículos, y el Forth Bridge, el rojo y más famoso, por el que circula el ferrocarril. Aunque no íbamos muy bien de tiempo decidimos parar para echar unas cuantas fotos.

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Llegamos a Sant Andrews casi de noche y aprovechamos para pasear por su inmensa playa, famosa por el colorido de las casas al otro lado de la bahía. El centro de la ciudad es tranquilo aunque no es raro ver a multitud de estudiantes de todo el mundo. Y es que la ciudad de Sant Andrews cuenta también con una de las universidades más prestigiosas y antiguas del Reino Unido.

También en la esta pequeña villa, apartado de la calle principal, se encuentra (los restos de) la Catedral de Sant Andrews, la que fuese en su tiempo el mayor templo de Escocia.

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Escocia: Edimburgo y la Royal Mile

Pese a haber salido la noche anterior hicimos el checkout a una hora bastante decente y pusimos rumbo a Edimburgo. Y es lo bueno que tienen los países nórdicos (con excepción de Islandia), dónde la fiesta empieza relativamente pronto y puedes aprovechar el día siguiente después de haber salido la noche antes.

Edinburgo nos recibió lloviendo, así que aprovechamos para ir hasta nuestro albergue, Budget Backpackers, buen albergue y muy bien situado, no muy lejos de la Royal Mile.

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Ingenioso cartel sobre la venta de alcohol a menores

Ingenioso cartel sobre la venta de alcohol a menores

La Royal Mile es la calle más famosa de Edimburgo, que comunica el Castillo de Edimburgo, en la parte alta, con el Palacio Holyroodhouse, (una de las) residencia de la Reina de Inglaterra.

La distancia que separa estos dos edificios es de 1841’2 metros, dando lugar a la Royal Mile (milla escocesa), más próxima a la milla marítima (1.852 m.) que a la terrestre (1.609 m.). A lo largo de la milla escocesa se encuentran gran cantidad de callejones (closets) y patios interiores (courts).

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Algo que nos llamó la atención fue la cantidad de bancos con una pequeña placa conmemorativa que nos encontramos por las calles de Edimburgo. Pues bien, esta tradición no es exclusiva de la capital, y es que se trata de una tradición muy scottish.

Las familias pagan entre 1.500 y 3.000 libras, dependiendo de si el banco es de madera o aluminio, para que luzcan estas placas recordando a un ser querido. La duración de este pequeño monumento es de unos 20 años, tras los cuales la familia decide si quiere renovarlo.

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Otro de los puntos emblemáticos de Edimburgo es el puente de North Bridge, sobre la estación de tren de Waverley, y que une la Royal Mile con Princess Street, la calle más comercial de la capital.

Algo que también nos llamó la atención fue ver a casi todos los escoceses con una pequeña flor a modo de solapa junto al pecho (como la que aparece en las cruces de la imagen inferior). Se trata de la Poppy Scotland, una asociación para recaudar fondos para los veteranos de las Fuerzas Armadas Británicas y y familiares, a la vez que conmemorar a todos los escoceses caídos durante la Segunda Guerra Mundial.

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Desayuno para empezar el día con fuerza

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Probablemente el perro más famoso de Escocia sea Bobby, símbolo de la ciudad de Edimburgo y que cuenta con una estatua en una calle cercana a la Royal Mile.

El perro fiel‘, como también se conoce a este pequeño terrier, es el protagonista de una sorprendente historia de amor a su amo.  Tras la muerte de su dueño, John Gray, Bobby permaneció 14 años junto a la tumba de su dueño. En este artículo explican muy bien toda la historia sobre este héroe escocés.

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Escocia: Glasgow y Stirling

 
Aprovechando que encontramos unos vuelos realmente baratos (31 euros i/v) hicimos una escapada de varios días a tierras escocesas. Nuestro vuelo llegaba al aeropuerto de Glasgow-Prestwick, y tengo que confesar que es la primera vez que Ryanair me la ha colado con el tema de la localización de sus aeropuertos.

La noche anterior comprobé que esta pequeña ciudad está en la costa occidental, a unos 40 km de Glasgow. Pero tampoco había que preocuparse mucho, ya que con trenes cada 20 minutos y descuento del 50% mostrando el billete del vuelo (3’5 libras) nos acabamos plantando de buena mañana en el centro de Glasgow en unos 40 minutos.
 
Estación trenes Glasgow, Escocia
 

Stirling

Antes de ir todo el mundo nos había hablado bastante mal de Glasgow: ciudad gris y nada bonita en comparación con Edinburgo. Así que una vez en Glasgow, hicimos el checkin en el hostal y nos marchamos hacia Stirling a pasar el día.

La mayor atracción de Stirling es su castillo renacentista del siglo XV y el monumento a William Wallace. La parte antigua de la ciudad tienen su encanto y bien merece una vuelta por este pueblo medieval.
 
Estación tren Stirling, Escocia

Stirling, Escocia

Stirling, Escocia

Stirling, Escocia

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Cementerio Stirling, Escocia

Cementerio Stirling, Escocia

Cementerio Stirling, Escocia
 
De camino hacia el castillo paramos en una colina dónde había un cementerio con grandes vistas de la zona. Aunque el día empezó bien, el tiempo cambió en cuestión de minutos y el cielo se tiñó de gris para recordarnos que estábamos en Escocia. La parte buena es que aunque el día este gris y llueva, suele hacerlo sin demasiada fuerza, así que no resulta molesto.

Cementerio Stirling, Escocia

Cementerio Stirling, Escocia

Cementerio Stirling, Escocia

Cementerio Stirling, Escocia

Cementerio Stirling, Escocia

Cementerio Stirling, Escocia
 
Desde el cementerio se puede observar el Castillo de Stirling, uno de los más famosos de Escocia. La entrada es bastante cara (14 libras), así que nos contentamos con verlo por fuera y disfrutar de las vistas.

Algo alejado del centro, al otro lado del río, destaca poderosa una torre: se trata del monumento a William Wallace. Llegar hasta allí sin coche lleva su tiempo, así que decidimos ir a dar una vuelta por el casco antiguo.
 
Castillo de Stirling, Escocia

Castillo de Stirling, Escocia

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Centro de Stirling, Escocia

Centro de Stirling, Escocia
Centro de Stirling, Escocia
Pub Stirling, Escocia
 

Glasgow

Como decía, mucha gente nos había hablado mal de Glasgow, pero también habíamos oído hablar (y bastante bien) de su vida nocturna, así que, siendo un viernes-post-halloween, decidimos darle una oportunidad y pasar la noche en la ciudad.
 
Glasgow, Escocia

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La parte bonita de Glasgow se limita a las calles peatonales del centro, repletas de todas las tiendas habidas y por haber. Un paraíso para los amantes de las compras.

Algo alejado del centro, merece la pena dar una vuelta por la zona universitaria, rodeada de un parque y espectaculares edificios, como la Galería de Arte y Museo de Kelvingrove. Pero hay que tener en cuenta el horario, ya que cierran a las cinco y media (como casi todos los sitios).
 
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Glasgow, Escocia

Glasgow, Escocia
 
Una de las curiosidades (y símbolos) de la ciudad es la de colocar un cono a la estatua del Duque de Wellington que hay frente a la galería de arte moderno, GoMA, que por cierto es gratuita, igual que muchos otras galerías y museos en el país.

Como decía, esta curiosa costumbre de colocar un cono en la cabeza de la estatua cuenta ya con más de 20 años de historia, y está tan extendida que incluso hay quienes se han atrevido con el merchandising.
 
Estatua cono Glasgow, Escocia
 
Así que en resumen, después de haber oído hablar tan mal Glasgow nos acabó gustando más de lo que pensábamos y una visita de, al menos, medio día sí que la merece.
 
 

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Escapada a Granada

Aprovechando que este fin de semana tenía lugar el Congreso Achieve 2013 de AIESEC España  en Granada, decidí adelantar un día el vuelo y hacer un poco de turismo. Ya había estado hacía unos años, pero cualquier excusa es buena para repetir visita a Granada y disfrutar de sus calles y tapas.

Después de dormir sólo dos horas (tónica de esos cuatro días) y un trayecto Málaga-Granada en coche nos plantamos a las diez de la mañana del Jueves en Granada; con todo el día por delante para pasear y tapear.

Una de las primeras rutas fue por la Calle Elvira, de la que guardaba muy buen recuerdo, aunque la mayoría de los bares abren por la tarde-noche y tuvimos que esperar un rato para tomarnos la primera tapa. Eso sí, la espera mereció la pena.

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calle Elvira, Granada

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Más tarde fuimos a comer por Pedro Antonio de Alarcón, una de las calles de Granada más famosas para tapear, dónde había quedado con un amigo. Zona auténtica de bares donde ponen buenas tapas.

Ya por la tarde volvimos a la Plaza de Santa Ana, desde donde siguiendo el curso del río Darro uno llega al barrio del Albaicin.

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Albaicín, Granada

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Al final del Paseo de los Tristes empieza una fuerte subida. A media cuesta hay un desvío hacia la derecha para ir al Sacromonte, repleto de cuevas convertidas en bares y casas donde vive la gente. Como al día siguiente íbamos a ir de fiesta a Camborio, decidimos ahorrar fuerzas e ir directamente hacia el Mirador de San Nicolás.

Albaicín, Granada

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Las vistas desde el Mirador de San Nicolás son simplemente impresionantes; la Alhambra de frente y a sus pies la ciudad de Granada.

Para volver al centro decidimos no bajar hacia el Paseo de los Tristes y cambiar de recorrido. Seguimos perdiéndonos por las calles del Albaicín hasta llegar al Zoco, que va a parar a la Calle Elvira.

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Ya por la noche fuimos a cenar por el barrio del Realejo, uno de los más auténticos de Granada, dónde vive una amiga y que nos hizo de perfecta guía. No hay nada como visitar una ciudad de la mano de alguien que vive allí. Nos pusimos finos de tapas.

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Un poco de ocio por Colonia

La noche anterior habíamos salido, así que el día tampoco fue muy productivo. Nos levantamos algo tarde y bajamos al centro donde pasamos un buen rato en Foto Gregor una tienda de fotografía, donde venden cámaras y objetivos de segunda mano a precios realmente buenos.

Por la tarde visitamos el antiguo cuartel de la Gestapo, convertido hoy en día en museo. Muy interesante la exposición que explica con todo detalle a lo largo de cuatro plantas la trayectoria del Nacionalsocialismo desde sus inicios hasta la Segunda Guerra Mundial.

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Por la tarde fuimos a comer un Curry Wurst, y que mejor sitio que en Colonia, en plena calle, a —4ºC.

Ya por la noche volvimos a salir y acabamos en Underground, por segunda noche consecutiva, como si no hubiese locales en Colonia. La verdad es que el viernes estaba muchísimo más lleno que la noche anterior, cuando apenas había gente.

Inciso: en Alemania está permitido fumar en las discotecas. Le invito a cualquiera (fumador o no fumador) que se echaba las manos a la cabeza hace unos años cuando se introdujo la nueva ley antitabaco en España a que pase , no una noche, sino unas pocas horas de fiesta…. Volvimos a casa con la ropa apestando y las lentillas prácticamente secas.

Como decía, el lugar (obviando el detalle del humo) está bien, es gratis y tiene dos salas. Está en una zona algo alejada del centro, pero en la que hay mucha variedad de clubs y vida nocturna.

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La mañana siguiente tampoco madrugamos y pasamos el día en el barrio. La última noche la acabamos en una “Balkan Party“, que tuvo de Balkan lo que quiso la DJ, una mujer peculiar (por definirla de algún modo) que acabó bailando ella sola enmedio de la pista cuando consiguió, con su selección musical, que la gente fuese abandonando el bar.

En los bares también funciona el “Pfand”; de igual manera que en un supermercado pagas un extra por el envase que se te retorna cuando lo devuelves, en los bares has de pagar por tu vaso o botella de cristal un depósito que te devuelven cuando lo retornas.

La última noche cayó una nevada importante, que aprovechamos para hacer una guerra de nieve mientras esperábamos el tren, para sorpresa de los Colonienses (gentilicio de los habitantes de la ciudad).

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Y así es como no hay que servir una Franziskaner

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