Green Island a pedales (I)

Una vez contados todos los pormenores del viaje hasta Green Island toca la chicha del viaje.

Nada más llegar al puerto de Ludao, le esperan a uno un arsenal de taiwaneses y taiwanesas venidos en moto o coche. La mayoría vienen a recoger a quienes han llegado con el alojamiento ya reservado, pero también hay quienes abordan a algún turista despistado que haya llegado sin alojamiento. Es decir, a nosotros.

Por la experiencia que he tenido puedo decir que normalmente los taiwaneses no son para nada de intentar timar al turista. Es decir, si tú te subes a un taxi no te intentarán llevar por el camino más largo para hacer una buena carrera, como pueda pasar en España con el típico guiri inocente. Pero en el tema del alojamiento sí que alguna vez te sueltan un primer precio algo más elevado de lo normal, y si cuela, cuela.

Después de negociar los precios (sí, nosotros, sin tener ni idea de hablar o escribir chino) conseguimos llegar a un acuerdo, no del todo malo teniendo en cuenta que estábamos en uno de los puntos más turísticos de Taiwan y que no habíamos mirado absolutamente nada.

Al final acabamos en una habitación de “hotel” que consistía en una enorme cama (para tres o cuatro personas) y el baño. Tampoco buscábamos nada más. Así que todos contentos. 1000 NTD por noche entre los tres (al cambio algo menos de 9 euros la noche cada uno).

En Green Island la gente tiene unas costumbres algo diferentes; no son tanto de tener perros atados, sino más bien ciervos.

Y las señales de “cuidado: paso de animales”, también son distintas;  nada de ovejas, toros o vacas.

Visto que no podíamos alquilar motos, la única opción era la bici. En la oficina de información turística nos enteramos de las opciones que teníamos. Bueno, lo de enterarnos tuvo su mérito porque después de comprobar que no entendían ni una palabra de inglés tuvimos que recurrir a métodos más prácticos.

En la misma oficina de turismo es posible coger prestadas bicicletas (buenas bicicletas) durante el horario que tienen abierto, pero se tienen que devolver a la hora del cierre.

Otra opción es ir delante del puerto a un local de alquiler de motos, donde fuera hay muchísimas bicicletas (algunas en mejor estado que otras). También se pueden coger sin pagar nada, pero estas durante el tiempo que quieras.

Así que una vez arreglado el tema del transporte tocó empezar la ruta. El faro de Ludao es uno de los puntos más emblemáticos, situado al noroeste de la isla. Fue construido en 1938, un año después de que el crucero estadounidense SS Hoover Presidente  encallase junto a la costa. Como agradecimiento a las labores de rescate de los habitantes de la isla el gobierno estadounidense financió la construcción del faro, que años más tarde resultó gravemente dañado durante la Segunda Guerra Mundial.

Ese fin de semana hizo bastante mal tiempo, os suena, ¿verdad? Pues bien, pasó lo que tenía que pasar, que se puso a descargar a base de bien nada más empezar nuestro camino, justo al llegar al pueblo de Zhongliao. Así que decidimos parar hasta que amainara y nos resguardamos en una casa en construcción donde pasamos el rato jugando a cartas.

A lo largo de la carretera que rodea la isla existen tres antiguas prisiones, símbolo del periodo conocido como White Terror (terror blanco) durante la ley marcial.

El White terror en Taiwan

Durante la época del terror blanco (White Terror), estudiantes, intelectuales y otras personas consideradas críticas con el gobierno fueron torturadas e interrogadas antes de ser recluidas o ejecutadas. Durante esta época más de 90,000 personas fueron arrestadas, y al menos la mitad acabaron perdiendo la vida.

Desde 1951 hasta el fin de la ley Marcial, en 1987, más de 20,000 prisioneros políticos fueron embarcados hacia Ludao dónde fueron hacinados en la prisión de re-educación y reformatorio de Ludao Lodge.

Siguiendo la carretera, en el extremo noreste nos encontramos con un desvío hacia Niutou Hill (Monte Niutou), con fabulosas vistas de la costa.

Nuestra única compañía en la playa

Las vistas, espectaculares.

Volviendo a la carretera principal enfilamos una pendiente bastante pronunciada que nos hizo sudar de lo lindo mientras nos adelantaban motocicletas sin despeinarse.

Eso sí, una vez arriba las vistas las disfrutamos nosotros mucho más que ellos.

Camino hacia el sur, nos cogió el segundo diluvio del día. Al principio intentamos darnos prisa en busca de un lugar dónde resguardarnos, pero visto que estábamos en medio de la nada continuamos nuestro camino un buen rato bajo la fuerte lluvia. Una de esas sensaciones que siempre recordaré de ese viaje; ir gritando con la bicicleta bajo una lluvia intensa.

Finalmente llegamos a Guanyin Cave donde nos medio desvestimos y recuperamos fuerzas.

Visto que no teníamos tiempo para completar la vuelta a la isla, volvimos sobre nuestros pasos y decidimos conntinuar con el camino al día siguiente. Quién sabe si esta vez con o sin lluvia.

Llegamos bastante rápido hasta Nanliao Village, donde teníamos nuestro hotel, pero como aún había algo de luz decidimos ir un poco más hacia el sur. La carretera que en muchos puntos bordea la costa es una gozada.

 

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